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Alzheimer
 






   
Alzheimer Los juegos didácticos ayudan a frenar el olvido
 
       
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Alzheimer
Los juegos didácticos ayudan a frenar el olvido
ALEJANDRA RODRÍGUEZ


Según las cifras que maneja la Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA tel: 902 17 45 17), una de las asociaciones que participará activamente el próximo miércoles en la conmemoración del Día Mundial del Alzheimer, 600.000 ciudadanos españoles ya conocen que padecen esta enfermedad, aunque probablemente cerca de otros 200.000 la estén empezando a sufrir a pesar de que aún no lo sepan.

Todavía no ha llegado el remedio definitivo para este mal que carcome progresivamente la memoria y las capacidades intelectuales del que lo sufre, pero no por ello los especialistas han dejado de afanarse para desarrollar estrategias multidisciplinares que ayuden a los medicamentos en la ardua tarea de conservar los recuerdos de los pacientes.


ESTIMULACIÓN.

Para David Losada, psicólogo de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer (AFAL tel: 91 309 16 60), una de las claves para tratar de frenar toda la cadena de efectos colaterales que le siguen a un diagnóstico de este tipo es crear, desde el inicio, un entorno estimulante. «Todo a nuestro alrededor es susceptible de utilizarse como terapia», apunta este experto.

En este sentido, los allegados del enfermo cuentan con la inestimable ayuda del juego y de las nuevas tecnologías. 'Smartbrain' (en inglés algo así como «cerebro en forma») es un juego de ordenador al que se puede acceder a través de Internet y Gradior es un programa que se instala en el disco duro de la unidad. Ambos fomentan actividades que ayudan al paciente a conservar sus habilidades intelectuales y cognitivas.

«Gracias a ellos se obtienen grandes resultados, pero hay que destacar que constituyen sólo una pieza del puzle, entre otras cosas porque el PC es muy manipulativo y llega un punto en el que el paciente no puede sacarle rendimiento», aclara el psicólogo.

Es entonces cuando, si por ejemplo no puede escribir, se recurre a juguetes con velcro o a actividades en las que sólo hay que colocar fichas, como las cartas, el Scrabble (palabras cruzadas), el Memory (emparejar tarjetas con figuras que sólo se ven un momento) o el Simón (series de luces, colores y música que hay que recordar cada vez más deprisa y que se resuelve presionando teclas grandes).

En todo caso, lo importante es personalizar (en función de la edad, los gustos, el estadio de la patología y las inquietudes intelectuales y culturales) la estrategia que se va a seguir con cada uno. Así, resultaría contraproducente una terapia con ordenador en pacientes mayores que, por su edad o por las ocupaciones que han tenido en su vida, no están familiarizados con la informática. Según Losada, «el individuo se frustra porque no avanza y puede abandonar. Hay que recordar en todo momento que no estamos enseñando, que no se trata de que el paciente asimile habilidades que puede que nunca haya tenido, sino de conservar el máximo tiempo posible las que ya adquirió en su día».

Para ayudar en esta tarea, AFAL ha editado un práctico manual llamado 'El baúl de los recuerdos' en el que se orienta a los familiares a la hora de convertir todo el entorno del paciente en elementos estimuladores.

La doctora Marisa Barquero, del Servicio de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, también se muestra partidaria de la personalización y de la atención individualizada, aunque en otro sentido. Gracias a un mejor conocimiento de la enfermedad y a herramientas cada vez más certeras, el diagnóstico llega a edades tempranas (por debajo de los 60 años). Lo bueno es que el trastorno se encuentra en sus fases iniciales y existen más posibilidades de aplicar fármacos y terapias de freno.

Sin embargo, esto mismo hace que no encajen con el perfil de enfermo de Alzheimer al que estamos habituados. Normalmente, aún trabajan y tienen responsabilidades familiares y económicas impropias de los mayores. «Se deben crear centros de día específicos para estos pacientes y articular los mecanismos que les ayuden a cubrir estas facetas de la vida que los más ancianos ya han superado», insiste la especialista.

Y es que, al drama de recibir el terrible diagnóstico cuando aún se está lo suficientemente lúcido como para imaginar el deterioro que se avecina, los pacientes jóvenes deben añadir las dificultades con las que se topan al solicitar ayudas domiciliarias o plazas en residencias. «No son ancianos, así que no pueden optar a ello», dice Barquero.

   
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