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Caricias y más caricias
 
       
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Caricias y más caricias
La Haptonomía es la ciencia del amor y la afectividad por excelencia.
A su paso por la Argentina, la doctora francesa Catherine Dolto explicó por qué esta flamante disciplina permite que las personas, desde la etapa prenatal a la más sanas y ancianidad, puedan estar ser más felices.
De baja estatura, regordeta y cálida, la pediatra francesa Catherine Dolto, de 57 años de edad (hija menor de Françoise Dolto, una de las mayores personalidades de la pediatría y del psicoanálisis en la historia de ambas ciencias) es en estos días una celebridad en Europa, básicamente por su lucha por difundir y enseñar Haptonomía, una disciplina auxiliar de la medicina que –dice– “ayuda al ser humano desde la etapa prenatal hasta la ancianidad. Los ayuda a ser más felices, a estar sanos física y psíquicamente”. Estudió mimo, teatro y sociología antes de dedicarse a la medicina. Además es miembro de Unicef, fue honrada por el gobierno francés con la Legión de Honor y la Orden de Mérito. Invitada por la Fundación Creavida, la doctora Dolto pasó por la Argentina como una ráfaga, a dar una serie de conferencias sobre su especialidad.
–Y entonces, Catherine, la Haptonomía comienza en la etapa prenatal.
–Por supuesto. Una madre que le habla a su bebé en gestación es escuchada por ese bebé. Una madre que ríe, pone alegre a ese bebé que vendrá. Una madre que trata de acariciarlo, que acaricia su propia panza tratando de comunicarse con él, hace feliz a ese bebé en gestación. Las ramas son la hapobstetricia y la haptopuericultura y cuando nace...
–¿Qué ocurre?
–...cuando nace el nuevo ser sufre un choque. Sale de un medio donde estaba seguro y feliz a un medio exterior que puede ser hostil o sentir como hostil. De modo que ahí continúa la importancia de la Haptonomía, ahí se hace necesario que la madre lo tenga contra su piel, que le dé seguridad, afecto, amor.
–Dicho de ese modo, Catherine, un lego como un periodista podría entender que la Haptonomía se reduce a simples caricias y ya está, y eso no puede entenderse como una ciencia.
–Claro que no es “simples caricias”. La Haptonomía se aplica en clínicas maternales, y luego del parto, sigue con el crecimiento del niño, lo protege cuando sobreviene una nueva crisis, en la adolescencia, cuando busca individuarse y vuelve a sentir el mundo como algo hostil, y continúa toda la vida. Por eso la haptopicoterapia, el haptoanálisis y la haptokinesia, o kinesiología clínica. Pero no es algo tan sencillo de explicar. Requiere años de estudio, y requiere de un profesional universitario entrenado para poder aconsejar a las embarazadas, a las parturientas, y luego a los padres de un adolescente.
–¿Cómo se aplica?
–La Haptonomía requiere de aprendizaje sistemático. Hapto, tú lo sabes, quiere decir “contacto”. Toda caricia es contacto. Pero cuándo, cómo, con qué frecuencia, ésa es otra cosa. La Haptonomía es la ciencia de la afectividad, y lo es en la medida en que pone en práctica fenómenos típicos de la persona humana, fenómenos reproducibles, previsibles y verificables. Es la ciencia de establecer una relación física para devolver la salud, curar o devolver la integridad psicosomática a una persona. Trata sobre la forma en que la persona percibe el mundo y en la forma en que una persona se integra en su relación afectiva con sus semejantes.
Como un árbol sin riego
–La Haptonomía –explica la doctora Dolto– estudia las relaciones humanas, y se basa en el contacto psicotáctil afectivo confirmante. En la actual y vertiginosa sociedad, el ser humano se ve privado cada vez más del reconocimiento que implica la confirmación afectiva. Por eso, la Haptonomía contribuye a la salud pública. Una persona no reconocida afectivamente es como una planta sin riego: se seca, se enferma.
–Dijo usted, Catherine, y perdone por el modo de expresar la pregunta, que el contacto táctil y psíquico son necesarios. En una pareja, ¿la falta de caricias físicas y psíquicas puede llevar a la infelicidad?
–Vas demasiado lejos. Lo cierto es que una pareja que se acaricie, se sonría (la sonrisa es una caricia) y se ame y se trate bien será una pareja sana, y los hijos que tengan notarán que sus padres se respetan, se reconocen y se aman, y crecerán más felices que los hijos de padres separados o mal avenidos.
–¿Desde cuándo se estudia y se enseña la Haptonomía?
–No hay una fecha exacta, pero luego de las dramáticas experiencias que sufrieron muchas personas en la Segunda Guerra Mundial, se estudiaron, se descubrieron, se reconocieron y se analizaron las causas del déficit afectivo, de las carencias afectivas, de las frustraciones o traumatismos afectivos que sufrían esas personas, males que trababan o inhibían el desarrollo de su salud psíquica, y a veces enfermaban orgánicamente por esa causa. Esos años, mediados de la década del ’40, serían el punto de partida de la Haptonomía como disciplina auxiliar de la salud.
–Dijo antes usted, Catherine, que la aplicación de la Haptonomía va desde el feto hasta la ancianidad.
–Por supuesto. Ayuda a soportar las carencias o las crisis, no a evitarlas. A soportarlas y a superarlas. Cada edad tiene crisis al acecho: la adolescencia, la madurez, la ancianidad. Las famosas “crisis de los cuarenta”, por caso, que se acentúan cuando, por ejemplo, una persona se retira del mundo laboral, porque sabe qué le aguarda en un futuro más o menos cercano. Un anciano solitario se enferma más seguido que un anciano que ve a sus nietos y a sus hijos, que acaricia a sus nietos y es acariciado por ellos, que ama y es amado. Hay tratamientos específicos para los ancianos solitarios y también para aquellos que, aunque tengan familia, no son debidamente reconocidos y queridos. La Haptonomía bien aplicada, a cargo de médicos, no de charlatanes (que los hay por ahí) recurre al deseo de vivir (libido vitalis) y brinda al paciente un sentimiento de seguridad, lo hace sentirse reconocido y querido. Así, al confirmar su afectividad, esa persona, tenga dos años u ochenta, toma la iniciativa para poner en marcha sus propias facultades, aptitudes y dones afectivos en su relación con los otros.
   
Fuente:Revista Nueva
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