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Sexualidad
 






   
SEXUALIDAD EN LA MUJER DE LA TERCERA EDAD
 
       
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SEXUALIDAD EN LA MUJER DE LA TERCERA EDAD
La respuesta sexual de la mujer mayor es diferente a la de las mujeres jóvenes, porque la edad impone cambios fisiológicos en los órganos sexuales reproductores: se produce una involución de los ovarios, útero, vagina, vulva y senos que derivan en la diferente respuesta sexual.
Cambios anátomo-fisiológicos de la menopausia
Con la menopausia se marca el fin de la función reproductora femenina y se producen una serie de cambios físicos y psíquicos. Pero a pesar de los cambios involutivos, la mujer añosa puede presentar una respuesta sexual normal al nivel orgásmico de tensión sexual, en particular si se expone regularmente a una estimulación sexual efectiva. En general, la intensidad de las reacciones anátomo fisiológicas, así como la respuesta a dicha estimulación, se reducen con los años.
A medida que la educación sexual se difunde y aumenta la información sobre los temas antes prohibidos y se abre una comunicación sana, se va dando en la sociedad una aceptación de la actividad sexual en las personas mayores.
El conflicto mente-cuerpo en que se ve involucrada la mujer madura es campo propicio para desarrollar complejos, negaciones, culpas y alteraciones de un equilibrio que le dificultan el normal desempeño de una sexualidad que por naturaleza le corresponde sin límites de tiempo y hasta tanto los cambios de la senectud avanzada se lo impidan.
Incidencia de factores sociales
La mujer de más de 50 años se encuentra en un especial período de su existencia, en una crisis de vida en la cual, así como en la adolescencia, es muy susceptible de ser influenciada por el medio social que la rodea. La familia, las pautas religiosas, los mitos, influyen de manera negativa para poder realizarse sexualmente y continuar con una actividad placentera que hasta hace poco disfrutaba en forma natural.
Ese entorno social la llena de desaprobación, censura, vergüenza de su cuerpo y su sensibilidad, llevándola a un gran conflicto en que se le hace sentir que la vejez es asexuada y que ya no es lícito ni aceptable el gozar de la sexualidad; que el amor y el romance son derechos sólo de los jóvenes.
Incidencia de los medios de comunicación social
El advenimiento de los medios de comunicación social como revistas, radio, cine y en las últimas décadas la televisión, produjeron cambios sustanciales dado que los estímulos y los mensajes transmitidos influyen notoriamente sobre las costumbres establecidas, sobre los paradigmas y por ende generan cambios de actitudes en todos los grupos etáreos de la población.
La mujer de la tercera edad no escapa a este asedio permanente, que en algunos casos, especialmente en los últimos años, no deja de ser positiva, ya que propone una nueva imagen de la mujer mayor, en torno de una vida sana, años bien llevados, de jovialidad y alegría de vivir, que en muchos casos va asociado a su compañero de vida.
En este arquetipo, es indudable la presencia de estímulos sexuales positivos que se internalizan y contribuyen al mejoramiento del yo sexual.
Vejez, enfermedad y acción farmacológica de los medicamentos
Indudablemente la tercera edad es la etapa de la vida del ser humano que está más asociada a diversas patologías, muchas de ellas crónicas, que afectan a los ancianos durante años, y que de alguna manera conviven con ellos hasta la muerte, sin ser a veces la causa última de su defunción.
La medicina moderna contribuye en muchos casos a mejorar la calidad de vida sin que por ello pueda evitar efectos indeseables que influyen negativamente en la actividad sexual.
Tanto las enfermedades como los efectos terapéuticos, colaterales y secundarios de los medicamentos pueden llegar a constituirse en factores negativos para el ejercicio de una vida sexual sana que el terapeuta y el médico deberán estudiar atentamente para tratar de subsanar en aquellos casos que así lo permitan.
Mitos sobre la sexualidad en la tercera edad
Son varias las ideas admitidas sobre el sexo del anciano, que han originado mitos infelices que aún en nuestros días tienen validez en una sociedad que se supone con un esclarecimiento sexual relativo. Uno de ellos es que la falta de potencial de procreación vaya acompañada de una declinación del interés sexual, hasta llegar a ser mínima o ausente. La capacidad del hombre para el pensamiento abstracto y el placer, ha incrementado la sexualidad básica que en el resto del reino animal conduce a la conservación de la especie. La mujer post menopáusica ya no puede concebir, mientras el hombre mayor puede mantener su poder fecundante hasta los setenta u ochenta años. Pero esto no excluye la continuidad de la actividad sexual como fuente de felicidad y placer, como expresión psicofísica de una relación humana madura y amorosa. Pueden seguir disfrutando de las delicias de la intimidad y del contacto físico, cualquiera sea el estado de fecundidad. La actividad sexual es una fuerza positiva y estimulante en la vida de la pareja. Los profesionales deben aconsejar conveniente y adecuadamente a las pacientes que estén preocupadas por su felicidad sexual, tanto de sí mismas como de sus parejas.
Otro de los mitos es que al ir variando y alterándose las características externas a medida que pasan los años, estos cambios deberían implicar niveles bajos de atracción física, de tensión y de expresión sexual. Nuestra sociedad idealiza la belleza del rostro y cuerpo jóvenes y la asocia con atracción sexual y éxito social. Esta postura ignora los múltiples factores que influyen en que las personas deseen compartir los acontecimientos sociales y sexuales. Los antecedentes educacionales y vivénciales, los puntos de vista culturales y políticos, las creencias religiosas, los objetivos coincidentes, son algunos de los diversos factores que crean la oportunidad de atracción en las parejas, que rara vez excluyen la posibilidad de compañía sexual y social basándose en el ideal de belleza física del momento. Otra idea, es que como el envejecimiento interfiere de diversas maneras sobre las personas, se supone que la libido disminuye en consecuencia, modificándose en cantidad y calidad.
Respecto a la edad, uno de los mitos que todavía se conservan es la diferencia de edad, suponiéndose que debe prevalecer la mayor edad del hombre sobre la de la mujer. Desde siempre es costumbre que la sociedad apruebe que el varón sea no solo un poco mayor que la mujer, sino que también llegue a duplicar y aun triplicar la edad (Charles Chaplin - Oona O´Neill ). Lo contrario sucede cuando una mujer tiene una pareja cinco años menor o más, en que se plantea como una anormalidad, pronosticándosele poco tiempo de duración. Hay un tratamiento veladamente peyorativo hacia la mujer, se la trata de desubicada y al varón poco menos que de gigoló. Si esta situación se traslada a una mujer de la tercera edad, que elige y encuentra una pareja mucho menor, el rechazo de la sociedad se hace más notorio, lo que en definitiva menoscaba la autoestima de la pareja así constituída, creando conflictos de difícil solución.
La histerectomía y la sexualidad son motivos frecuentes de diversos problemas. De acuerdo al informe Kinsey (*) el 54% de las mujeres operadas no experimenta cambios en el deseo sexual, un 17% manifiesta un aumento del deseo y el porcentaje restante dice lo contrario. Aquellas mujeres que antes de la operación sufrían hemorragias, dolores, prolapso, miedo al embarazo, etc., pueden sentir un aumento del deseo luego de la intervención. Las que consideran que el útero simboliza la esencia de su feminidad por la capacidad de procrear, pueden sentirse mutiladas o desfeminizadas. Hay algo concreto: si las mujeres gozaban del sexo antes de la histerectomía, les será más fácil seguir haciéndolo después, a no ser que la operación les sirva de excusa para no tener relaciones sexuales indeseadas y frustrantes. En general se observa que la mujer que resulta traumatizada emocionalmente a causa de operaciones mutilantes, como una histerectomía o mastectomía, pertenece a estratos sociales con menor acceso a una información objetiva. Sería recomendable un tratamiento psicoterapéutico pre y post quirúrgico y brindar la mayor información posible para prevenir consecuencias.
Aún en la actualidad las mujeres reciben con angustia y sensación de fracaso la llegada de la menopausia. Esta situación se traslada también al hombre, que siente que es una etapa desgraciada y difícil de soportar; en este contexto el adjetivo de "vieja menopáusica" se ha convertido en un insulto de uso popular que se pronuncia a menudo con un dejo de grosera picardía. Todas estas consideraciones alimentan el mito de que la sexualidad cesa alrededor de los 50 años. En el mundo occidental se exalta la juventud como único estado ideal en la vida, menospreciando la madurez y la vejez. En oriente se reconoce a los ancianos la sabiduría y además se privilegian de alcanzar placer sexual más prolongado y elaborado, fruto de la experiencia adquirida a través de una vida. En nuestro medio es regla negarles la experiencia y el derecho a la sexualidad. En nuestra sociedad, la función de abuela, es considerada una obligación que deberá cumplir eficazmente la mujer mayor para que los padres jóvenes puedan trabajar o llevar una vida social más despreocupada, trasformándola en una niñera de sus propios nietos, que no es integrada a la familia, no participa de las decisiones familiares, no se le reconoce su trabajo y no se tolera que opine sobre la educación de los nietos. La sexualidad esta tácitamente negada; mas aún cuando se trata de abuelas viudas con deseos de reanudar una vida social, que en ocasiones las pueden llevar a formar una nueva pareja. No es infrecuente que, ante estas circunstancias, los hijos reaccionen con un celo marcadamente injustificado llegando a veces a frustrar el intento que de por sí, dadas las pautas culturales y costumbristas, fue tímidamente iniciado.
Durante mucho tiempo la expresión sexual ha estado estrechamente ligada a la función reproductiva y nuestra sociedad no puede emanciparse fácilmente de su larga tradición de ascetismo. A esto se suma un prejuicio general contra los ancianos y el muy difundido sentimiento de que la vida, el amor y el romance son patrimonio exclusivo de los jóvenes. Por lo tanto los individuos de edad intermedia se comportan y actúan casi compulsivamente como si aún fueran adultos jóvenes. Se visten, maquillan, y conducen como si pertenecieran al grupo generacional de sus propios hijos y niegan su edad como si así pudieran asegurar la perduración de su potencia sexual, la cual, según sus convicciones, está condenada a desaparecer con la edad.
Otra creencia común de la que se han valido tradicionalmente los moralistas antisexuales estipula que el agotamiento del organismo mediante la masturbación o el coito en la juventud producen impotencia precoz, en contraposición del individuo que practica la abstinencia, que se reserva para más tarde. Otro mito de antigua data sostiene que la eyaculación del semen es debilitante y tiende a acelerar el envejecimiento y la muerte. En contraposición, hoy se sabe que ni el coito ni la masturbación debilitan el organismo. La conducta de la sociedad suele ser contradictoria. Cuando la "mujer-abuela" abraza o acaricia los niños, su actitud es y parece natural. Pero cuando estas acciones son ejecutadas por un hombre, suele decirse que es un "viejo cochino". Se tiene la creencia de que los hombres viejos son más propensos a vejar criaturas y a incurrir en violaciones sexuales.
Un mito muy arraigado en todas las edades, pero particularmente en aquéllas con más cantidad de años, es que ciertos alimentos o vitaminas tienen cualidades estimulantes o afrodisíacas capaces de mantener o aumentar la sexualidad. Lo que sí puede aceptarse es que algunas sustancias, por su propia naturaleza o origen, son capaces de surtir un efecto por el poder de sugestión sobre las actitudes psicológicas y emocionales, que imparten al hombre la confianza necesaria para desempeñarse con eficacia. Contrariamente, la potencia sexual depende de una vida sana. Finalmente, se podría decir que mitos hay tantos como fantasías sexuales tienen los hombres y en todas las épocas y todas las sociedades han existido.
Cambios fisiológicos, psicológicos, ginecológicos y sociales
Los deseos y necesidades de continuar la expresión sexual en la mujer posmenopáusica y de edad avanzada, han sido objeto frecuente de discusión en la literatura médica y psicológica en los últimos años.
Al médico que se ocupa de las mujeres de la tercera edad se le pide que brinde apoyo emocional y facilite la comunicación entre compañeros sexuales, proporcionando información acerca de la fisiología así como sugerencias prácticas sobre la sexualidad de esta etapa de la vida.
La mujer media de algunos países desarrollados vivirá aproximadamente treinta años en postmenopausia, periodo similar al de sus años de adulta premenopáusica.
Durante los últimos años de vida puede que no tenga compañero masculino.
Tanto Kinsey como Masters y Jhonson (*) proporcionaron datos categóricos acerca de la persistencia de interés sexual en los ancianos, así como la capacidad de respuesta sexual fisiológica.
La sociedad hasta hace pocos años había prestado poca atención a estas necesidades, así como también se le daba poca importancia al papel del terapeuta para facilitar una expresión sexual cómoda en pacientes de edad.
Los años en que se presenta la menopausia representan una etapa de la vida de muchos cambios, que pueden afectar a la mujer y a su pareja. Éstos son de tipo fisiológicos, psicológicos, ginecológicos y sociales. Por lo tanto, no sorprende que la etiología de los cambios sexuales de esta etapa sea muy diversa.
No está totalmente claro el papel de las hormonas en la sexualidad femenina; en general, se piensa que continúa sin cambios incluso después de la ooforectomía bilateral (extirpación de ovarios) y parece que los factores sociales, educacionales, psicológicos y económicos tienen un papel determinante en la conducta sexual.
Si bien no se ha establecido el grado de influencia que la falta de esteroides sexuales tiene sobre el ajuste sexual durante la menopausia y postmenopausia, es corriente asignar a esta declinación hormonal la mayoría de los malestares físicos y problemas psicosexuales que aparecen en esta etapa.
Todavía deben definirse múltiples facetas entre las relaciones existentes entre falta de esteroides y la respuesta sexual femenina.
Consecuencias
Existen varios factores mecánicos resultantes del desajuste endócrino que ocasionan dolor durante las relaciones sexuales en la mujer de la tercera edad.
El coito puede ser doloroso en la fase de penetración o, al ser muy prolongado, puede seguirle sensación vaginal quemante, dolor pelviano o malestar abdominal, como así también irritación o dolor al orinar. Estos síntomas pueden persistir hasta dos o tres días después. Por lo general se deben al adelgazamiento de las paredes de la mucosa vaginal y a la reducción de distensibilidad de la vagina.
La lubricación de la vagina disminuye paulatinamente o el tiempo de reacción puede ser más prolongado.
La disminución de esteroides sexuales por declinación de la función ovárica da por resultado también, la involución de los labios mayores por reducción del tejido adiposo y elástico.
Al estímulo sexual se responde con una disminución de la vasodilatación superficial y profunda, lo cual da por resultado menor o nulo enrojecimiento de la piel, particularmente de aréolas mamarias y labios menores, lo que también influye sobre la erección de los pezones y del clítoris.
A medida que la edad aumenta, se observa una disminución del tono muscular, lo que se traduce en menor tensión de las contracciones musculares tanto voluntarias como involuntarias.
En cuanto al clítoris, la respuesta a la excitación sexual con aumento del cuerpo esponjoso, elevación y retracción del mismo se mantiene al igual que en la mujer adulta, pero sufre una retracción más rápida luego del orgasmo.
Estímulo y respuesta sexual
A pesar de los cambios involutivos, la mujer mayor puede presentar una respuesta sexual normal al nivel orgásmico de tensión sexual, en particular si se expone de manera regular a una estimulación sexual efectiva tanto coital como de masturbación.
La práctica sexual regular es absolutamente necesaria para el mantenimiento de la capacidad y reacción sexual efectiva ya que de lo contrario se observa mayor lentitud de la lubricación y constricción del introito.
Masters y Jhonson citan algunos casos de mujeres de más de 60 años que a pesar del adelgazamiento senil de las paredes vaginales y el encogimiento de los labios mayores, responden con expansión y lubricación como en la mujer premenopáusica. Estas mujeres practicaban una actividad sexual regular, orgásmica, plena, una o dos veces por semana y obviamente, un interés sexual mantenido.
Como manifestación del bajo nivel hormonal, también puede encontrarse en algunos casos que las contracciones uterinas del orgasmo se hacen dolorosas. Este síntoma puede ocurrir durante y después del orgasmo. A algunas mujeres, estos calambres las llevan a evitar la ocasión de la experiencia orgásmica.
La disminución de esteroides también tiene acción indirecta sobre el impulso sexual. Este es uno de los diversos factores físicos modificados por el proceso de envejecimiento. Sin embargo no pueden establecerse pautas de reacción pues los síntomas clínicos varían mucho de acuerdo al umbral de sensibilidad de cada mujer.
Los síntomas de la menopausia como tuforadas de calor, nerviosismo, sudoración, irritabilidad emocional, inestabilidad psíquica, cefaleas, astenia, etc., pueden influir negativamente en el mantenimiento de la libido y en muchas mujeres la administración de estrógenos tiene un efecto beneficioso.
El compañero sexual
Dentro de los cambios físicos, tienen especial importancia, como manifestaciones extragenitales, las arrugas, las canas, la pérdida de elasticidad de la piel, la frecuencia con que se presentan las várices, la tendencia a la obesidad, los senos caídos, etc, todos factores que influyen negativamente en la autoestima y en la negación de mostrar el cuerpo.
Es importante resaltar que una serie de cambios experimentados en el compañero habitual, como disminución en el tiempo de mantenimiento de la erección, menor rigidez peniana y cambios equivalentes en su aspecto físico, influyen menoscabando la libido en común y la ansiedad consecuente no hace más que agravar el problema.
Kinsey señaló que a medida que los hombres envejecen, conservan por menos tiempo la erección y que la edad también dificulta la recuperación poscoital.
La posición que se adopta en el coito es de importancia en el mantenimiento de una buena erección. Es habitual que después de los 50 años se adopte la posición hombre arriba. Dado el requerimiento circulatorio de los músculos glúteos, el cual proviene de la arteria pudenda que está por encima de la rama que va a la arteria del pene, se produce un robo circulatorio del flujo sanguíneo que trae por consecuencia una desentumescencia peniana. Tendrá que estimularse en la pareja la adopción de otras posiciones que faciliten un mejor desempeño.
Los cambios arterioscleróticos tanto del hombre como de la mujer, afectan sustancialmente la vasodilatación y por lo tanto, en el caso del varón, la presión sanguínea que fluye hacia el pene.
Los cambios fisiológicos referidos deben ser adecuadamente comprendidos. Se requiere un cambio de actitudes y una correcta información para solucionar problemas, así como una preventiva educación sexual.
No es necesaria una erección total para lograr un acto sexual satisfactorio. Ni siquiera la ausencia de erección tiene que significar el fin del sexo siempre que no lo definamos como una acción restringida y estereotipada. Hacer el amor es mucho más que penetración; implica miradas, caricias, roces, abrazos, palabras, disfrutar del contacto corporal y del solo hecho de estar juntos.
Otros ritmos
Hay sobradas razones para creer que la mayoría de los hombres y las mujeres pueden adaptarse al envejecimiento, mantener interés por el sexo y continuar considerándolo una fuente de satisfacción. Puede que los contactos sexuales sean más espaciados, que cambien su ritmo, que la percepción erótica sea menos intensa o que la respuesta sexual se altere.
El avance de los años no pone un limite preciso a la sexualidad. Para que las personas a medida que envejecen se adapten sexualmente, no hay que dejar de lado la importancia fundamental que tiene el conservar la buena salud, que depende de su carga genética, así como de la preocupación que dedique a mantenerla, tanto en lo físico como en lo psicológico. Esto será más factible si además goza de un razonable nivel socioeconómico y por supuesto, cultural.
Dentro de los cambios fisiológicos que se observan en el envejecimiento, se producen ciertas alteraciones bioquímicas como aumento del sodio, cloro, y del calcio y una disminución del potasio, magnesio y fósforo.
Se va produciendo una deshidratación progresiva de los tejidos, muy notable en el cerebro del anciano, que se acompaña de una proliferación conjuntiva, particularmente de las fibras colágenas.
Estos fenómenos también se manifiestan en las regiones perivasculares y coinciden con una disminución del número de células en general, caso especialmente importante para aquéllas que no poseen la capacidad de regenerarse. Hay un acúmulo progresivo de granos pigmentarios yuxtanucleares de naturaleza lipoidea, notable en las células nerviosas y mientras aumenta la masa de tejidos metabólicamente inertes, disminuye la de tejidos activos, dando por resultado una lenta evolución hacia la fibrosis, que es irreversible. Esta esclerosis conjuntiva es uno de los sucesos más evidentes del envejecimiento.
Hay deshidratación y pigmentación del tejido elástico de la piel y los vasos, así como tendencia a la descalcificación ósea, que lleva a la osteoporosis, que es la causa más frecuente de fractura de cuello de fémur de la ancianidad, y además se presentan una serie de osteo-artropatías, sumado al endurecimiento de los cartílagos, que pierden azufre en forma de glutation.
Estos cambios van determinando una involución ponderal, con pérdida de peso, variable según los órganos, con la consiguiente reducción de su actividad, aunque ésta puede mantenerse por largo tiempo a niveles suficientes, ya que ocurren en general de forma sumamente lenta.
El flujo cardíaco disminuye, dando cierto grado de insuficiencia cardíaca funcional, que reduce el rendimiento cuando se ejecutan esfuerzos violentos sostenidos, sumado a que también va disminuyendo la capacidad respiratoria.
Las arterias y venas se hacen menos musculosas y elásticas, lo que trae como consecuencia reducción del flujo del corazón periférico y por tanto una mayor fatiga y una recuperación mas lenta y prolongada.
En cuanto a la actividad muscular, su deterioro será tanto mas marcado cuanto menor haya sido el ejercicio físico en etapas anteriores de la vida.
Por supuesto, los cambios citados inciden en la sexualidad de la tercera edad.
(*) Las publicaciones de Kinsey y Masters y Johnson son fuentes de informacion sexual que aún hoy continúan siendo los referentes en sexualidad humana.
Alfred C. Kinsey fue un biólogo, formado en Harvard. Publicó en 1948 "Sexual behavior in the human male" (Conducta sexual del macho humano), libro que contenía los datos obtenidos en entrevistas individuales con más de 5.000 hombres de todas las edades. En 1953 se editó "Sexual behavior in the human female" (Conducta sexual de la hembra humana). Estas publicaciones provocaron un enorme revuelo en la prensa, en el clero y en el Congreso, y se convirtieron en best sellers.
William H. Masters y Virginia E. Johnson, llevaron a cabo los estudios de la función sexual humana más completos y serios.
Publicaron "Respuesta sexual humana", (Boston, 1966), primer libro en que se investigó las etapas de la respuesta sexual, con rigor científico.
Bibliografía:
• Kinsey Alfred C., Pomeroy Wardell B. , Martin Clyde E. : Conducta sexual del hombre - Ed. Siglo veinte, Arg. - 1967. (1ª Ed: Sexual behavior in the human male, 1948).
• Masters William H., Johnson Virginia E.: Respuesta sexual humana- Ed. Intermedica, Bs. As.- 1981. (1ª Ed: 1966).
• Masters William H., Johnson Virginia E.: Incompatibiladad sexual humana - Ed. Intermedica, Bs. As.- 1981.
• Masters William H., Johnson Virginia E.: El vínculo del placer - Grijalbo - Barcelona - 1978.
   
Autor: Dra. Alicia Montes de Rojido
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